domingo, 21 de octubre de 2012

Carta desde la misión


 
San Francisco Javier
(Fotografía: www.misevi.org)
 
 

San Francisco Javier llegó a la India en 1542. En diez años misionó en diversas regiones de la India de Sri-Lanka (la isla de Ceilán), Malaka, las islas Molucas, Japón, para morir a las puertas de China, en la isla de Sanchón, el tres de diciembre de 1552, a las dos de la madrugada.
 
Las cartas de Javier se copiaban repetidas veces y pasaban de mano en mano entre los estudiantes.
 
Muchos cristianos se dejan de hacer en estas partes, por no haber personas que en tan pías y santas cosas se ocupen.... Muchas veces me mueven pensamientos de ir... dando voces, como hombre que tiene perdido el juicio, y principalmente a la universidad de París diciendo... ¡cuántas ánimas dejan de ir a la gloria por la negligencia de ellos...!
 
Témome que muchos de los que estudian en universidades estudian más para con las letras alcanzar dignidades, beneficios, obispados, que con deseo de conformarse con la necesidad que las dignidades y estados eclesiásticos requieren... Estuve casi movido de escribir a la universidad de París, a lo menos a nuestro maestro de Cornibus y al doctor Picardo, cuántos mil millares de gentiles se harían cristianos, si hubiese operarios, para que fuesen solícitos de buscar y favorecer las personas que no buscan sus propios intereses, sino los de Jesucristo.
 
Muchas veces me acaece, continúa, tener cansados los brazos de bautizar, y no poder hablar de tantas veces decir el Credo y mandamientos en su lengua de ellos y las otras oraciones....
 
(Fotografía: www.misevi.org)
 
 
¡Llegó a bautizar 10.000 personas en un mes!
Acaba esta carta con un pensamiento atribuido a tercera persona:
 
 
...no sé qué más escribiros sino que son tantas las consolaciones que Dios nuestro Señor comunica a los que andan entre estos gentiles, convirtiéndolos a la fe de Cristo, que, si contentamiento hay en esta vida, éste se puede decir. Muchas veces me acaece oír decir a una persona que anda entre estos cristianos:
¡Oh, Señor!, no me deis muchas consolaciones en esta vida; o ya que me las dais por vuestra bondad infinita y misericordia, llevadme a vuestra santa gloria, pues es tanta pena vivir sin veros, después que tanto os comunicáis interiormente a las criaturas.



 
http://www.misevi.org/docs_web/esp/art/sfco_javier/sfco_javier_total.htm
 

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