martes, 15 de diciembre de 2020

La Semana Santa en la pluma del Beato Lolo: Jueves Santo




Desde luego hay que ver la fuerza emocional que tiene lo visible de las procesiones de Semana Santa. Cuando pasa un Cristo sangrante y contorsionado, las caras son también un espejo de martirio. 

Lolo junto a su hermana (Fotografía: Amigos de Lolo)



Otro cantar es el escamoteo de Pasión que nos hacen las espinas de oro y las túnicas de terciopelo. Con una revista con muchos “pasos”, yo le decía hoy a Cristo:

            -“Pobre mío; ¡quién te iba a decir que la píldora del último escarnio te la iban a dorar con diamantes y bordados! El gran chasco de Judas sería verte ahora traficado por un millón de pesetas, él, que tan modosito estuvo con sus treinta monedas. ¡Si hasta te llaman el Rico, Tú que apenas si tenías lo que pudiera dar de sí cualquier chapuza! Te llevan ahora con tantas joyas por la calle, que te nos pierdes tras de un fulgor de escaparate de joyería. Hasta hay quien dice que ya no te hablas con los pobres; ya ves, Tú que sólo supiste de fatigas de pobre, de angustias de pobre, de pensamiento de pobre. Cristo: tu sudor del Huerto, esas gotas espesas y rojas, cargadas de hemoglobina: te pido que las pobres gentes las vean salir realmente de esas espinas de diamantes, como te brotan del corazón cuando te cuelgan la humillante calumnia de Rico.”[1]

Semana Santa: un trozo del “diario” del Beato Manuel Lozano Garrido



Tres de los libros escritos por Lolo son su propio ‘diario’. Es una modo de exponer él una autobiografía, sencilla, tierna, a veces escalofriante: Dios habla todos los días (“Con estas líneas empiezo un diario”, escribe; era abril de 1959); Las golondrinas nunca saben la hora, continua el ‘diario’ a partir de junio de 1961; y por fin, Las estrellas se ven de noche (septiembre de 1965). Las galeradas de este último se las acercaba el chico de la imprenta a su casa minutos después de que  hubiera muerto Lolo, cuando él -ciego desde hacía nueve años- ya estaba en la LUZ.



En todos sus libros son muchas las páginas en que desarrolla un tema crucial en toda su literatura: el valor redentor del dolor. Pero en estos ‘diarios’, llenos a la vez de su gracejo ingenuo y lleno de anécdotas, sin embargo se puede apreciar con toda su hondura el peso del día a día de su vida: vida vivida hasta el fondo, sorbida con fruición de esperanza y alegría; autoretrato y recuerdo de sus años vividos con pasión; peripecias sencillas, mezcladas con oración y reflexiones.



Muchas páginas de esos ‘diarios’ tienen la frescura del momento reciente, hasta el punto de que  apenas vivido el minuto y el momento, esos fragmentos salían  antes en la prensa, y luego se coleccionaban y completaban en ‘formato’ de libro.



Este artículo que sigue es una prueba de ello: Y de cómo se mezclan en él muchos de los temas  preferidos de su pluma: oración de un místico, pobreza y sagrario, sufrimiento, y… alegría.





Rafael Higueras Álamo - Postulador de la Causa de Canonización

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