martes, 17 de agosto de 2021

Oviedo: La Catedral de San Salvador




La Catedral de San Salvador en Oviedo/Uviéu tiene sus orígenes en la basílica mandada construir por el rey Alfonso II el Casto (791-842) bajo la advocación de San Salvador. Fue edificada sobre las ruinas de una iglesia anterior levantada por su padre Fruela I, en el año 765 y destruida treinta años después por los árabes. Este mismo monarca propició la construcción de la Iglesia de Santa María y el palacio regio, situados al Norte y Sur, respectivamente, de la primitiva basílica de San Salvador.





Durante el siglo XIV comienza la construcción de la Catedral Gótica, demoliéndose la anterior basílica románica y prerrománica. Siendo Obispo Gutierre de Toledo (1377-1389), la obra recibe un impulso definitivo.


La construcción se finaliza a mediados del siglo XVI, con el remate de la torre, ya en un gótico tardío. Es decir, casi tres siglos dura la construcción del templo. Y todavía fue necesario trabajar durante otros cien años en la construcción de las capillas y panteones que hoy vemos adosados a las naves laterales. Por lo tanto, la construcción de la actual catedral dura unos cuatrocientos años, con especial intensidad durante el siglo XV, época en que domina el estilo conocido como gótico florido o flamígero, en el que puede incluirse nuestra catedral.


El edificio se distribuye en tres naves, la central mayor y las laterales con capillas entre los contrafuertes, precedidas por un pórtico. El destacado crucero imprime forma de cruz latina a la planta, coronada por una cabecera poligonal en la que se inserta la girola.


La articulación vertical del muro, mediante arcos apuntados para separar las naves, un triforio ciego y un claristorio con vidrieras decorativas. Todo el templo (naves y capillas) está cubierto con bóvedas de crucería, entre las que destacan las ochavadas de la nave mayor.


Las sucesivas ampliaciones de la catedral acabaron por absorber ambas construcciones, integrando en la nueva arquitectura la antigua capilla palatina, La Cámara Santa.


Etapa Románica


Alfonso III el Magno, en la segunda mitad del siglo IX, enriqueció considerablemente el tesoro catedralicio con la donación de la Cruz de la Victoria, aunque no realizó ampliaciones de la basílica de San Salvador.


Trasladada la corte a León en el siglo X, los sucesivos monarcas siguieron enriqueciendo la basílica con sus donaciones. Alcanzó gran prestigio durante la Edad Media, mereciendo el calificativo de Santa Ovetensis, siendo cita obligada de peregrinos y devotos.


A esta época pertenecen el apostolado de la Cámara Santa y la Torre Vieja, ambas de estilo románico.

La llamada Torre Vieja ha de verse desde el exterior. Construida a comienzos del siglo XII, en estilo románico, fue campanario de San Salvador hasta la construcción de la torre gótica. Se trata de una torre sobria, compacta, construida en sillarejo en la parte baja y sillares regulares en la parte superior, donde se abren ventanas con arcos de medio punto, flanqueadas por columnas rematadas con espléndidos capiteles.


La Capilla de San Miguel (Cámara Santa), fue reformada en el siglo XII, sustituyendo la antigua cubierta por una bóveda de cañón, sustentada sobre arcos fajones que se apoyan sobre dobles columnas.


La labor escultórica que se despliega en esta capilla ha sido considerada como uno de los mejores trabajos románicos en este campo. En el muro de los pies, sobre la puerta de ingreso, se dispone un Calvario con la Virgen María y San Juan, donde tan sólo se tallaron las cabezas, ejecutándose el resto en pintura. En los muros largos se talla el Apostolado. Los doce apóstoles, con sus símbolos, están tallados sobre el fuste monolítico de seis pares de columnas, con rica decoración animal y vegetal, así como alusiones a temas y leyendas medievales realizadas en los capiteles y bajo los pies de los mismos.


El Salvador es una talla románica, probablemente realizada para presidir el altar mayor de la catedral, antes de que se construyese el retablo. Esta figura policromada, de rasgos bastante arcaicos y postura hierático, representa al Salvador de pie, sujetando la esfera en la mano izquierda, mientras que con la derecha imparte bendiciones. Fue muy venerada por los peregrinos, que le atribuyeron numerosos milagros.


Etapa Gótica


La Sala Capitular (finales del siglo XIII) tiene forma cuadrada y está cubierta por una bóveda sobre trompas. Un gran rosetón, al exterior, y otro pequeño, sobre la puerta que da al claustro, iluminan la estancia. En esta sala se expone la espléndida sillería gótica del antiguo coro, mandada construir por el Obispo D. Juan Arias del Villar hacia 1498 y es obra de artistas flamencos. En esta sala también se encuentra el Retablo de las Lamentaciones, obra en piedra del siglo XV.


El Claustro gótico (siglos XIV y XV) sustituyó a uno anterior (románico, siglo XII). Destacan las ménsulas y los capiteles, con rica y variadísima iconografía que abarca temas profanos y religiosos, leyendas medievales e incluso motivos específicamente asturianos, como la lucha de Favila con el oso. Sobre la arquería gótica se alzó un balconaje a principios del siglo XVIII, obra del arquitecto Francisco de la Riva, que no desentona del conjunto.


En el muro sur del Claustro se abre la Puerta de la Limosna, realizada a finales del mismo siglo.

La Cabecera (1382-1412) es pentagonal, precedida de tramo recto.


Tiene triforio, y sobre éste cinco grandes ventanales apuntados, de diseño interior calado por tracerías. Se cubre con bóveda nervada, contrarrestada al exterior por cinco grandes contrafuertes rematados en pináculos. Hasta 1444 no se inicia el Transepto, en cuyo brazo norte se abre la portada flamenca del Rey Casto, con tímpano calado por ondulante tracería flamígera. Las molduras de las arquivoltas descienden sin interrupción hasta la base, y entre ellas se acomodan, sentados y cobijados por doseletes, apóstoles, reyes y profetas.


En las jambas aparecen las figuras en pie de Santiago, San Pedro, San Pablo y San Andrés. En el tímpano, la figura del Salvador, y en el pilar central, la de la Virgen de la Leche. Junto a esta portada se sitúa la llamada Capilla de la Hidria, donde, según la tradición, se custodia una hidria de las Bodas de Caná, uno de los milagrosos vestigios visitados por los peregrinos. El brazo sur del Transepto es obra de Juan de Candamo; la portada de este lado se estructura de manera similar a la opuesta.


El Pórtico está formado por tres arcos, de diferente tamaño, que tiene su correspondencia en las naves del templo. El muro y las arquivoltas, así como el parteluz del arco central, aparecen decorados con nichos o peanas para colocar unas esculturas que nunca se realizaron.


Bóveda de crucería y arcos de ojiva tendente ya al semicírculo. Todo dentro del más puro estilo gótico florido. Sobre la puerta central las seis figuras de la Transfiguración, realizadas en el siglo XVII. Posteriores, aunque del mismo siglo, son las puertas, obra del escultor asturiano José Bernardo de la Meana. En ellas aparecen labrados los relieves del Salvador y de Santa Eulalia. La Torre gótica (1508-mediados del siglo XVI) se estructura en sucesivos volúmenes decrecientes, aligerados los muros por huecos de tracería flamígera, que junto con los contrafuertes coronados por pináculos, le dan esa característica esbeltez y sentido ascensional.


Está coronada por la aguja, de piedra calada, en el más puro estilo flamígero. Su altura total es de sesenta metros.

El Retablo Mayor (1512-1531) se sitúa en el ábside de la catedral, adaptándose a la forma poligonal de su planta. Su estilo oscila entre el gótico flamígero y el Renacimiento. Obra monumental de madera policromada, se divide en cinco calles separadas mediante columnas y doseletes dorados de filigrana, de cuatro pisos cada una, excepto la central que tiene tres pisos.


En la calle central se representan las escenas principales: la Crucifixión, la Asunción y Coronación de la Virgen y el Salvador. En esta obra intervinieron escultores como Giralte de Bruselas y Juan de Valmaseda, y pintores de la talla de Alonso Berruguete. Se considera uno de los mejores retablos góticos españoles junto a los de Sevilla y Toledo.


Etapa Barroca 


La obra de la catedral prosigue a lo largo de los siglos del barroco. La primera ampliación emprendida cambiará la configuración de la cabecera, al añadirse la girola o deambulatorio. Se levantó hacia la mitad del siglo XVII, encargándose la obra a Juan de Naveda.


Tiene forma heptagonal formándose entre los primitivos contrafuertes pequeñas capillas de testero plano que nos ofrecen un grupo de retablos barrocos de acusada influencia italiana. Los retablos de San Pablo y del Descendimiento contienen abundantes elementos rococós. Los siguientes están dedicados a San Pedro, San Andrés y San Bartolomé.


Sobre los machones que separan los altares, en barrocas hornacinas, están las imágenes de La Magdalena, San Antonio Abad, San Blas, Santa Lucrecia, Santa Eulalia, Santa Leocadia, San Emeterio y San Jerónimo. La imaginería de la Girola se ha atribuido generalmente a Meana, excepto la imagen de Santa Eulalia, obra del salmantino Carnicero.

La Sacristía Nueva se añadió en 1733, y su constructor fue Francisco de la Riba Ladrón de Guevara, que también levantó el recrecido del piso alto del claustro y la fachada de éste hacia la Corrada del Obispo.


Capillas 


• Capilla de Santa Bárbara.


Mandada construir por el obispo D. Bernardo Caballero de Paredes en 1658, con la doble finalidad de recoger las reliquias de la Cámara Santa y servirle de Panteón Funerario, voluntad del obispo que no fue cumplida en ninguno de los dos casos. La obra se concibió en dos espacios diferenciados. El primero cubierto mediante cúpula de ocho paños con luminosa linterna y el segundo con bóveda de cañón, cuya abundante decoración muy del gusto barroco, estilo al que pertenece la capilla, está relacionado con el retablo. La parte alta está recorrida por un palco, como si de una sala de teatro se tratase.


• Capilla de Velarde.


Esta capilla fue fundada por el abad de Tuñón D. Andrés Vázquez de Prada y encomendada a la Casa de Velarde, Condes de Nava. En ella figuran las inscripciones funerarias de D. Joaquín M. F. Velarde, doña Ramona Velarde y su hija, de mediados del siglo XIX. El retablo, barroco tardío, nos presenta una única imagen de Cristo crucificado, de gran belleza. La estilización y alargamiento de todas sus partes y el tratamiento minucioso de la anatomía, entran dentro del canon manierista. Es una de las mejores obras de Alonso de Berruguete, que la talló a su vuelta de Italia, entre 1540 y 1550.


• Capilla de Covadonga.


Fue originariamente construida para albergar los restos del Obispo D. Gutierre de Toledo y dedicada a San Ildefonso. Hubo de ser destruida al levantar la girola. En la actualidad se venera en ella a la Virgen de Covadonga.


• Capilla del Rey Casto.


Accedemos a la misma a través de una hermosa portada gótica, del siglo XV. La capilla se estructura en tres naves, siendo muy estrechas las laterales. En el crucero, un gran cimborrio octogonal que reposa sobre pechinas decoradas con las efigies de monarcas asturianos. En esta capilla se entremezclan elementos góticos, clásicos y barrocos. En el retablo del presbiterio, destaca la Asunción de la Virgen, que figura en el ático del mismo. Al fondo de la capilla se encuentra el Panteón de los Reyes. Esta estancia barroca se destinó como panteón real de la monarquía asturiana, sustituyendo a uno anterior levantado por Alfonso II. Merece destacarse el Sarcófago de Itacio, con los elementos decorativos tardorromanos y orientalizantes.


• Capilla de los vigiles.


Mandada construir en el siglo XVII por el asturiano D. Juan Vigil de Quiñónez, obispo de Segovia. En muy lograda armonía se mezclan elementos clásicos y barrocos. Sobre las paredes se fingen ventanas y portadas, en una de las cuales está enterrado el fundador, que parece esculpido en posición orante. Es obra de Carreño y de Fernández de la Vega.


• Capilla de Santa Eulalia.


Construida sobre planta de cruz griega con una gran cúpula plagada, como el resto de la capilla de elementos decorativos barrocos. Sobre las pechinas que sustentan la cúpula se narra el martirio de la Santa. En el centro, un baldaquino destinado a guardar la urna con las reliquias de Santa Eulalia, patrona de Oviedo/Uviéu.


En el marco de la declaración como Patrimonio Mundial de la UNESCO del Camino Primitivo y el Camino de la Costa, así como el enlace entre ambos, se reconoce igualmente con la máxima distinción patrimonial del mundo a cuatro Bienes Culturales vinculados a las Rutas Jacobeas Asturianas. Estos bienes son: La Catedral de San Salvador en Oviedo/Uviéu, y el Monasterio de San Salvador de Cornellana en Salas, ambos en el Camino Primitivo. Además la Iglesia Prerrománica de San Salvador de Priesca en Villaviciosa, y la Iglesia y Casa Rectoral de Santa María de Soto de Luiña en Cudillero, ambos en el Camino de la Costa. 


FUENTE:

TURISMO ASTURIAS

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