La Cuaresma nos llama a despojarnos de lo superfluo para quedarnos solo con lo esencial. Como cofrades, estamos acostumbrados a preparar con esmero los enseres, los pasos y los hábitos, pero lo más importante en estos cuarenta días es preparar el corazón. Es tiempo de mirar hacia dentro, de reconocer nuestras faltas y de volver la mirada a Cristo, que camina hacia Jerusalén sabiendo que su entrega será total. Que nuestra penitencia no sea solo externa, sino una verdadera conversión del alma.
















