La Semana Santa de Oviedo reúne méritos más que suficientes para ser declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, no solo por su dimensión religiosa, sino también por su valor cultural, social y patrimonial. Se trata de una celebración con historia, con cofradías comprometidas y con una participación ciudadana creciente que evidencia su arraigo en la ciudad. No es una aspiración artificial, sino el reconocimiento lógico a una tradición consolidada que forma parte de la identidad ovetense y que, como se ha señalado recientemente en el debate público, cumple sobradamente los requisitos para dicha distinción.
El problema, por tanto, no está en la falta de argumentos, sino en la falta de acción. Resulta difícil ignorar que el equipo de gobierno encabezado por Alfredo Canteli ha expresado en distintas ocasiones su voluntad de impulsar esta declaración, pero sin que esa intención se haya traducido en avances concretos. Esta distancia entre el discurso y los hechos debilita la credibilidad institucional y transmite una sensación de inmovilismo que no se corresponde con la relevancia del asunto. No se trata de cuestionar intenciones, sino de señalar una realidad evidente: hasta ahora, no ha habido un impulso efectivo.
Esta inacción contrasta con la estrategia seguida por muchas otras ciudades, que han sabido convertir sus celebraciones de Semana Santa en un activo cultural y turístico de primer orden. Estas declaraciones no solo tienen un valor simbólico, sino que contribuyen a reforzar la proyección exterior, dinamizar la economía local y fortalecer el tejido social. Oviedo cuenta con todos los elementos necesarios para situarse en ese mapa, por lo que no avanzar en esta dirección supone perder una oportunidad clara y perfectamente alcanzable.
Por ello, defender la declaración turística de la Semana Santa de Oviedo implica también exigir coherencia política y capacidad de gestión. No basta con la presencia institucional o con declaraciones de apoyo puntuales; es necesario un compromiso real, sostenido y traducido en iniciativas concretas. Canteli ha tenido tiempo suficiente para dar pasos decisivos y, sin embargo, estos no se han materializado. Desde una posición de respeto, pero también de responsabilidad, es legítimo reclamar mayor determinación. Porque reconocer esta tradición no es solo una cuestión cultural, sino también una apuesta estratégica por el futuro de la ciudad.



No hay comentarios:
Publicar un comentario