Las cofradías y hermandades han
tenido como nota común su protestación pública de fe. El ejercicio y desarrollo
de cultos públicos tuvo en sus orígenes elementos muy sencillos como las cruces
y crucifijos alzados, o insignias y estandartes que presidían el rezo del Vía
Crucis o el Rosario. Sin embargo la proliferación de romerías en la Edad Media,
por lo general vinculadas a imágenes aparecidas, y más aún la espiritualidad
impulsada tras el concilio de Trento instauraron la definitiva presencia de
imágenes en los cultos públicos que se celebraban en ciudades y pueblos.
