Entrando en el siglo XV de la Encarnación del Verbo Eterno, un hombre que apacentaba ganado o había salido a cazar, hallándose en el termino de la villa de Almonte, en el sitio llamado La Rocina, advirtió en la vehemencia del ladrido de los perros, que se ocultaba en aquella selva alguna cosa que les movía a aquellas expresiones de su natural instinto.Penetró aunque a costa de no pocos trabajos, y en medio de las espinas, halló la imagen de aquel sagrado lirio intacto de las espinas del pecado, vió entre las zarzas el simulacro de aquella mística zarza ilesa en medio de los ardores del original delito, miró una imagen de la Reina de los Ángeles de estatura natural, colocada sobre el tronco de un árbol. Era de talla y su belleza peregrina. Vestíase de una túnica de lino entre blanco y verde, y era su portentosa hermosura atractivo aun para la imaginación mas libertina.
