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lunes, 23 de febrero de 2026

Formación Cofrade: La Cuaresma del Hermano Cofrade

La Cuaresma nos llama a despojarnos de lo superfluo para quedarnos solo con lo esencial. Como cofrades, estamos acostumbrados a preparar con esmero los enseres, los pasos y los hábitos, pero lo más importante en estos cuarenta días es preparar el corazón. Es tiempo de mirar hacia dentro, de reconocer nuestras faltas y de volver la mirada a Cristo, que camina hacia Jerusalén sabiendo que su entrega será total. Que nuestra penitencia no sea solo externa, sino una verdadera conversión del alma.


Vivir la Cuaresma como cofrade implica también fortalecer la vida interior a través de la oración. No se trata solo de rezar por la lluvia o el sol el día de la estación de penitencia, sino de encontrar en el silencio y la meditación la fuerza para seguir a Cristo de cerca. Es en la oración donde descubrimos el sentido profundo de nuestra fe y donde entendemos que ser cofrade es, ante todo, ser testigo del amor de Dios en medio del mundo.


El ayuno y la limosna son dos pilares fundamentales de este tiempo litúrgico. Ayunar no es solo privarse de alimento, sino también de aquello que nos aleja de Dios y del hermano. La limosna, por su parte, nos invita a compartir con los más necesitados lo que somos y tenemos. Como miembros de una hermandad, estamos llamados a ser manos tendidas, especialmente con aquellos que sufren en silencio. Que nuestras obras de caridad sean el mejor preparativo para la Semana Santa.


En estos cuarenta días, la Cruz se convierte en nuestro mejor espejo. Contemplar a Cristo camino del Calvario nos ayuda a entender que el sufrimiento, vivido con fe, tiene sentido. Nuestras estaciones de penitencia no son un simple desfile, sino un ejercicio comunitario de fe, un camino compartido hacia la redención. Que cada paso dado tras un paso de misterio sea una forma de acompañar a Jesús en su pasión y de cargar con nuestras propias cruces, confiando en que Él nunca nos abandona.


Llegaremos así a la Semana Santa con el corazón renovado, preparados para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Que estos días de Cuaresma nos transformen profundamente, para que cuando nos pongamos la túnica o el capirote, no sea un simple traje, sino un signo visible de nuestra entrega y conversión. Que María Santísima, Madre de las Angustias y de la Esperanza, nos acompañe en este caminar hacia la gran semana de nuestra fe.

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