Al cruzar el umbral de este nuevo año, encomendemos nuestro camino a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, y pidamos al Niño Jesús, cuya Navidad acabamos de celebrar, que bendiga nuestros días con su gracia y su paz.
Que el Señor nos conceda la sabiduría para discernir su voluntad, la fortaleza para ser testigos de su amor y la esperanza para caminar como hijos de la luz, confiando en que, bajo el amparo de la Divina Providencia, cada mes que comience esté lleno de oportunidades para crecer en fe, en caridad y en la certeza de que Él, que es el Alfa y la Omega, ya tiene preparado un tiempo de gracia y misericordia para cada uno de nosotros. ¡Feliz y bendecido Año Nuevo!

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