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domingo, 12 de enero de 2014

Fiesta del Bautismo del Señor


El ciclo litúrgico de la Navidad concluye con la conmemoración del bautismo de Jesús. Asociamos la celebración de la Navidad con los acontecimientos relativos a la infancia del Salvador. Por eso esta fiesta nos desconcierta, pues damos un salto de 30 años para ubicarnos al inicio del ministerio de Jesús. Pero hagamos una analogía: Pentecostés es el fruto maduro del tiempo pascual, cuando la resurrección de Jesús se transforma en don del Espíritu que hace posible que todos los creyentes tomemos parte en la pascua de Jesús. Así también esta fiesta es como el culmen y la meta de los acontecimientos que conmemoramos en la Navidad. ¿De qué manera el bautismo de Jesús ilumina los acontecimientos de la Navidad? ¿De qué manera el bautismo de Jesús es la madurez de la Navidad?



Los evangelios narran el bautismo de Jesús por Juan el Bautista en el Jordán como el acontecimiento que inaugura su ministerio. Jesús acude, como muchos otros judíos de su tiempo, a recibir el bautismo penitencial de Juan. Por eso Juan se resiste a administrarlo, nos dice san Mateo. Soy yo quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice? Jesús insiste: Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere. Las palabras de Jesús apuntan a algo más. ¿Qué es lo que Dios quiere y que se debe cumplir en el bautismo? Pienso que en su bautismo, Jesús lleva su proceso de encarnación hasta el extremo. Jesús no sólo se hace hombre en el seno de la Virgen, no sólo nace pobre con los pobres en Belén, el Hijo de Dios además se identifica y hasta confunde con los pecadores en el Jordán y asume sobre sí el pecado de la humanidad en la cruz. Es como si Jesús le dijera a Juan, tú bautízame, porque lo que aquí va a ocurrir supera en significado a lo que tú has hecho hasta ahora. Este bautismo que voy a recibir de ti sella y manifiesta la razón de mi vida. Tú Juan bautizas para el perdón de los pecados a la espera de la venida del Reino de Dios; yo Jesús recibo tu bautismo como signo de que yo asumo sobre mí el pecado del mundo.