La estrategia ideada por Pilatos había depositado todas sus esperanzas en un imprevisto golpe de efecto con el que confiaba librar al reo de la muerte. Al percatarse del estado lamentable en el que los soldados lo habían dejado abandonado después de la farsa en el Pretorio, el procurador pensó instrumentalizar a su favor dicha situación, esperando provocar con ella la compasión del gentío. En consecuencia, "otra vez salió Pilatos y les dijo: Aquí os lo traigo para que veáis que no hallo en El ningún crimen. Salió, pues, Jesús fuera con la corona de espinas y el manto de púrpura y Pilatos les dijo: Ahí tenéis al hombre". San Juan es el único de los Evangelistas que ha transmitido la relación de una escena que, abreviada en la locución latina Ecce Homo, introduce en el Arte, de la mano del Procurador de Judea, la figuración de Cristo como hombre acusado de haberse proclamado Dios y rechazado como Rey.
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| Ecco-Homo de Alonso de Berruguete |
Legner ha hecho retroceder hasta la Alta Edad Media, los antecedentes iconográficos de la Ostentatio Christi o Presentación de Jesús al pueblo. Según sus hipótesis, este tema es el que figura en un anillo de oro (s. VII) procedente de Siracusa y en un titulus del Códice 48 de la Biblioteca de Saint Gall, datado entre los siglos IX y X. Ante la ausencia de representaciones fidedignas del tema hasta el siglo XV, el autor alemán debió confundir o equiparar la desaparecida iniciativa de dar a escoger al pueblo entre Cristo y Barrabás, que, por lo demás, es perfectamente reconocible en la miniatura del Codex Purpureus de Rossano que cita.
